Bailando con mariposas



Es imposible que el cielo esté más azul, y siento la luz reflejarse en mi cuerpo. Camino descalza sobre una colina, un prado verde que se extiende ante mí y parece no terminar nunca. Puedo llenar mis pulmones de aire, aire puro que me traspasa y me hace sentir viva. De pronto, aparecen una, dos, tres... miles de mariposas revoloteando a mi alrededor. Intento seguir alguna con la mirada, pero es imposible... son todas preciosas: Algunas grandes como mis manos, otras pequeñas como la uña de mi dedo meñique, algunas amarillas, otras naranjas, otras azules, violetas, nacaradas... Doy pasos en falso; me siento mareada, pero feliz. Empiezo a correr, a dar vueltas en círculo, hacia el frente, sin destino, sin camino. Ellas me siguen, bailan conmigo, juegan con mis manos. De vez en cuando se paran sobre mi nariz, se cuelan entre mi pelo, y siento como sus alas acarician mi cuello. Ni siquiera son mágicas, pero no lo necesitan, ni lo necesito yo. Son simples mariposas, pero son maravillosas.

Cierro los ojos, y cuando vuelvo a abrirlos, desaparecen. Miro al horizonte tratando de grabar en mi memoria lo que ha sucedido, y de pronto un punto en el cielo llama mi atención. Me quedo quieta, observándolo, y cada vez me parece más hermoso... Es un pájaro, con el pecho rojo, las alas verdes y amarillas, la cabeza con brillos de color azul, y los ojos abiertos, hablando con la mirada, como si tratase de contagiarme su libertad. Siento amor en mi pecho, siento alegría, felicidad, plenitud... Pasa rápido delante de mí, y le persigo. Corremos juntos por la explanada, riendo, y cuando al fin parece que le voy a alcanzar, se detiene en seco y se para en el suelo. No entiendo nada, y consigo pararme yo también. Miro abajo y... ante mí, un precipicio de cientos de metros, las olas golpeando salvajemente las rocas... Soy incapaz de moverme, siento pánico de caer al vacío, y miro al pájaro, que sigue a mis pies. Mi cabeza no para de dar vueltas, no sé si odiarle o comprenderle, no sé si llorar, si dejarme caer, actuar deprisa o con calma. No sé si pensar en mi pasado, en mi futuro o en... él. Lentamente, y sin yo decidirlo conscientemente, voy cayendo a cámara lenta al suelo. Siento como mi cara se aprieta contra la tierra y una mariquita me observa. El pájaro no está, trato de moverme, pero no puedo... y acto seguido, me despierto en la cama.


0 comentarios:

Sueño a todas horas...

Archivo del blog

Blogs que sigo

Últimos comentarios